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La respuesta se encuentra en el suelo. Debido a los diferentes tipos de suelo que existen en cada sitio es que se da una respuesta diferente cuando hay un terremoto. Los suelos blandos amplifican la señal, los suelos duros como la caliza y lavas no lo hacen.  Por ejemplo, podemos tener dos edificaciones iguales que cumplen los mismos estándares de diseño sobre dos tipos de suelo distintos. Sin embargo, a la hora del sismo, una podría sufrir más daños que la otra porque la fuerza de la sacudida podría ser aumentada por el tipo de suelo sobre la cual se construyó.

En los mapas que se han ido generando a lo largo del monitoreo acelerográfico, ha sido posible identificar sitios que constantemente amplifican las ondas sísmicas. Dos de ellos son Fraijanes de Alajuela y San Ignacio de Acosta. Esto lo vemos en la figura siguiente que es el mapa de aceleraciones de un sismo con epicentro cerca de Orotina (Mw 4.6 a 43 km de profundidad), pero que fue más fuerte en San Ignacio de Acosta al sur de San José, Fraijanes al norte de Alajuela y la región de Paquera y Cóbano. Sin embargo en las ciudades de Alajuela y Heredia centro el movimiento fue más leve.

 

 Figura 1. Ejemplo de mapa de distribución de aceleraciones de un sismo profundo.

 

Deberíamos de esperar una variación radial solo en el caso de que el tipo de suelo bajo todos los sitios fuera el mismo. Sin embargo, este caso no existe porque en la tierra hay variaciones laterales y verticales producidas por las distintas capas geológicas que la forman.

A esta variación de la amplitud sísmica en cada sitio se le llama efectos de sitio y son los responsables de daños importantes a estructuras cuando ocurre un sismo fuerte.